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El Pentágono afirma que la expansión naval de China se está acelerando rápidamente
Una nueva evaluación del Pentágono ha reavivado la preocupación por la expansión naval de China. China ya cuenta con la armada más grande del mundo en cuanto al número de buques de guerra.
El informe también estima que China podría llegar a operar hasta nueve portaaviones. Nueve portaaviones sigue siendo una proyección, no un plan de construcción naval confirmado.
Aun así, la estimación muestra la rapidez con la que está creciendo el poder naval de China.
El informe del Pentágono destaca algo más que el número de buques. China está mejorando progresivamente su capacidad para operar lejos de su propia costa.
Las nuevas imágenes satelitales, el despliegue de buques de apoyo adicionales y los avances en la aviación naval apuntan en la misma dirección. China se está preparando para operaciones navales de largo alcance.
Por lo tanto, la última evaluación del Pentágono va más allá del tamaño de la flota. También refleja los objetivos más amplios de la política exterior de China.
Una armada más grande le brinda a Pekín más opciones para proteger sus intereses lejos de la China continental.
El portaaviones Fujian representa un importante paso tecnológico
El Fujian, el portaaviones más nuevo de China, representa un importante avance tecnológico.
Los dos primeros portaaviones de China utilizaban rampas de lanzamiento tipo esquí. El Fujian utiliza un sistema de lanzamiento de aeronaves electromagnético.
Esta tecnología es muy similar en concepto al sistema de lanzamiento utilizado en los portaaviones estadounidenses más modernos de la clase Ford.
Los sistemas de lanzamiento electromagnético permiten que las aeronaves despeguen con cargas útiles más pesadas. Además, mejoran la eficiencia operativa y son compatibles con aeronaves más avanzadas.
El Fujian todavía funciona con propulsión convencional. No es un portaaviones de propulsión nuclear como los de la clase Ford estadounidenses.
Los modernos portaaviones estadounidenses de propulsión nuclear están diseñados de tal manera que sus reactores nucleares no necesitan recargarse durante unos 25 años, que es aproximadamente el intervalo de revisión general de mitad de vida útil del portaaviones.
En la práctica, los factores limitantes son los alimentos, el combustible de aviación para los aviones, la munición, el mantenimiento y la resistencia de la tripulación, no el reactor en sí.
Estados Unidos aún mantiene una clara ventaja en este ámbito. Sin embargo, China está progresando de forma constante.
Los analistas de defensa prevén que Pekín continúe construyendo portaaviones más avanzados durante los próximos años.
Independientemente de que China termine construyendo seis, ocho o nueve portaaviones, la tendencia seguirá siendo la misma.
China está construyendo una armada capaz de proyectar su poder militar mucho más allá del Pacífico Occidental.
Ese objetivo respalda la política exterior más amplia de China.
Los portaaviones dan soporte a las operaciones globales
Los portaaviones están diseñados para proyectar poder militar lejos de casa.
Una nación que solo quiere defender su litoral no necesita una gran flota de portaaviones.
La defensa costera puede basarse en aeronaves terrestres, sistemas de misiles, submarinos y buques de guerra más pequeños. Los portaaviones, en cambio, apoyan objetivos militares mucho más amplios.
Los grupos de ataque de portaaviones pueden proteger las rutas marítimas comerciales. Pueden apoyar a los aliados durante crisis regionales. Pueden hacer cumplir bloqueos marítimos. Pueden brindar asistencia humanitaria después de desastres naturales.
También permiten que los aviones militares operen sin depender de bases aéreas extranjeras.
Por estas razones, los portaaviones se han convertido en símbolos de la influencia militar mundial.
China depende en gran medida del comercio internacional. También depende de la energía importada que se transporta a través de las principales rutas marítimas.
Muchas de esas rutas marítimas atraviesan el Mar de China Meridional, el Océano Índico y Oriente Medio. Los líderes chinos han descrito repetidamente esas rutas como de vital importancia para sus intereses nacionales.
Una flota de portaaviones más grande le brinda a China más opciones para proteger esos intereses lejos de sus propias costas.
Por lo tanto, muchos analistas de defensa creen que la expansión naval de China representa un importante cambio estratégico.
China está yendo más allá de la defensa costera regional.
Este país está construyendo una armada capaz de realizar operaciones de largo alcance en todo el Indo-Pacífico y, eventualmente, en otras regiones del mundo.
Nadie sabe con exactitud cómo utilizará Pekín esa capacidad en el futuro. Sin embargo, la historia demuestra que el alcance militar suele incrementar la influencia política.
Esa tendencia merece la atención de cualquier persona interesada en la estrategia militar y la política exterior de Estados Unidos.
China está construyendo un sistema naval completo
Un portaaviones no puede luchar solo.
Cada grupo de ataque de portaaviones depende de destructores, fragatas, submarinos, buques de suministro, aviones de vigilancia, satélites y logística.
Sin esas fuerzas de apoyo, un portaaviones se vuelve mucho más vulnerable.
China ha dedicado muchos años a construir ese sistema naval completo.
La Armada del Ejército Popular de Liberación continúa desplegando destructores modernos equipados con avanzados sistemas de defensa antiaérea.
China también está construyendo grandes buques de asalto anfibio, submarinos modernos y buques de reabastecimiento. Estas embarcaciones permiten a las fuerzas navales chinas operar más lejos de su base durante períodos más prolongados.
Los sistemas espaciales también desempeñan un papel importante.
China ha ampliado su red de satélites para mejorar la vigilancia, las comunicaciones y la localización de objetivos en toda la región del Indo-Pacífico.
Una mejor información proporciona a los comandantes navales una mayor capacidad de observación durante las operaciones militares.
La logística es igualmente importante.
Los buques de reabastecimiento permiten a los buques de guerra recibir combustible, municiones, alimentos y suministros sin tener que regresar a puerto.
China también ha ampliado el acceso a instalaciones en el extranjero, incluida su base de apoyo militar en Yibuti. Asimismo, ha fortalecido las relaciones comerciales con puertos de Asia, África y Oriente Medio.
La mayoría de esos puertos son instalaciones comerciales, no bases militares. Sin embargo, podrían proporcionar un valioso apoyo logístico durante futuras crisis.
Por lo tanto, China está construyendo mucho más que buques de guerra adicionales. Pekín está construyendo la infraestructura necesaria para operaciones navales sostenidas lejos de la China continental.
Ese esfuerzo más amplio es uno de los indicadores más sólidos de que la expansión naval de China respalda sus ambiciones globales.
La industria naval china respalda la expansión naval de China
La expansión naval de China depende de algo más que del gasto militar.
Pekín también se beneficia de una de las mayores industrias de construcción naval comercial del mundo.
Según funcionarios de la Armada estadounidense, la industria de construcción naval de China tiene aproximadamente 220 veces la capacidad de producción de Estados Unidos.
Dicho de otro modo, por cada tonelada de capacidad de transporte marítimo comercial que puede producir Estados Unidos, China puede producir unas 220 toneladas.
Esa enorme ventaja industrial también refuerza la capacidad de Pekín para expandir su armada.
Los astilleros comerciales construyen cientos de buques cada año. Esta base industrial proporciona mano de obra cualificada, experiencia en ingeniería y una amplia capacidad de fabricación.
Los astilleros comerciales no se convierten automáticamente en astilleros militares. Sin embargo, una industria comercial importante fortalece la capacidad del país para expandir la producción militar durante una emergencia nacional.
La historia demuestra por qué la capacidad industrial es importante.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos reconvirtió gran parte de su economía civil a la producción militar.
Los astilleros estadounidenses construyeron buques de transporte, mercantes y de guerra a un ritmo extraordinario. La producción industrial se convirtió en una de las ventajas decisivas de la victoria aliada.
Gran Bretaña demostró un principio similar durante la Guerra de las Malvinas de 1982.
El gobierno británico requisó buques mercantes civiles para apoyar las operaciones militares. Un ejemplo de ello fue el Atlantic Conveyor, que transportaba helicópteros, aviones y suministros militares al Atlántico Sur.
Aunque posteriormente el barco fue hundido por misiles argentinos, la misión demostró cómo el transporte marítimo comercial puede apoyar las operaciones militares en tiempos de guerra.
China posee actualmente la mayor base industrial marítima del mundo.
Los buques de guerra militares siguen requiriendo instalaciones y conocimientos especializados en construcción naval. Una industria de construcción naval comercial no puede convertirse en una industria de construcción naval militar de la noche a la mañana.
Aun así, la industria china de construcción naval comercial otorga a Pekín una profundidad estratégica que pocas naciones pueden igualar.
Por lo tanto, muchos planificadores de defensa consideran la expansión naval de China como un importante desafío estratégico.
Los aliados de Estados Unidos están reforzando la disuasión
La expansión naval de China ha propiciado una respuesta más enérgica por parte de Estados Unidos y sus aliados.
Muchas naciones del Indo-Pacífico están aumentando el gasto en defensa, ampliando la cooperación militar y mejorando la seguridad marítima.
El objetivo no es construir una flota mayor que la de China. El objetivo es reforzar la disuasión y preservar la libertad de navegación.
Japón ha adoptado una de sus mayores reformas de defensa desde la Segunda Guerra Mundial. Ha incrementado el gasto en defensa y fortalecido la cooperación con Estados Unidos.
Japón también ha reforzado la defensa de sus islas suroccidentales.
Australia continúa modernizando sus fuerzas armadas a través de programas como AUKUS.
Filipinas ha ampliado la cooperación militar con Estados Unidos al proporcionar acceso a instalaciones militares adicionales.
Taiwán también continúa invirtiendo en capacidades de defensa asimétricas, que incluyen misiles antibuque, drones, minas navales, lanzadores móviles y defensas costeras.
Esta estrategia busca disuadir la agresión convenciendo a Pekín de que los costes militares, económicos y políticos de un ataque serían inaceptablemente altos.
Los ejercicios militares conjuntos también han cobrado mayor importancia.
Estos ejercicios mejoran la cooperación entre las fuerzas aliadas. Además, demuestran unidad política.
Las alianzas sólidas reducen el riesgo de errores de cálculo, ya que los adversarios potenciales comprenden que una agresión podría desencadenar una respuesta internacional más amplia.
Diversos estudios de defensa han advertido que un conflicto importante por Taiwán ejercería una enorme presión sobre los recursos militares estadounidenses, incluidas las municiones de precisión de largo alcance.
Estos estudios refuerzan una lección importante: una disuasión contundente es menos costosa que librar una guerra a gran escala.
Las alianzas sólidas, la preparación militar y los socios regionales capaces siguen siendo elementos esenciales de una política exterior estadounidense eficaz.
America First significa preservar la paz a través de la fuerza
La expansión naval de China no significa que la guerra sea inevitable.
La historia demuestra que la competencia militar no siempre conduce al conflicto. Una fuerte disuasión reduce el riesgo de guerra. Un liderazgo político claro también reduce el riesgo de errores de cálculo.
Estados Unidos debería seguir reconstruyendo las capacidades militares necesarias para disuadir a sus principales competidores.
Estados Unidos también debería alentar a sus aliados a asumir una mayor parte de su propia defensa.
Los países europeos deberían asumir una mayor responsabilidad en materia de seguridad en Europa.
Este enfoque permite a Estados Unidos centrar su atención en la región del Indo-Pacífico, donde China representa el principal desafío estratégico a largo plazo.
El presidente Donald Trump (@realDonaldTrump) argumentó repetidamente que los aliados deberían invertir más en su propia defensa en lugar de depender en gran medida de los contribuyentes estadounidenses.
Desde entonces, muchos gobiernos aliados han aumentado el gasto en defensa y acelerado la modernización militar.
Un mayor reparto de la carga fortalece el sistema de alianzas.
También permite a Estados Unidos concentrar más recursos en la protección de los intereses estadounidenses en el Indo-Pacífico.
Por lo tanto, la expansión naval de China debe ser vista con realismo.
El pánico es innecesario. La autocomplacencia también es peligrosa.
El poder militar, la capacidad industrial, la fortaleza económica y la política exterior siguen estando estrechamente relacionados.
Estados Unidos puede preservar la paz manteniendo una disuasión creíble, fortaleciendo las alianzas, reconstruyendo la capacidad industrial y protegiendo los intereses nacionales estadounidenses.
Reflexiones finales
La expansión naval de China seguirá influyendo en la seguridad mundial durante muchos años.
El número exacto de futuros portaaviones es menos importante que la dirección general. China está desarrollando de forma constante las capacidades militares, industriales y logísticas necesarias para operar en los océanos del mundo.
Estados Unidos aún posee importantes ventajas.
Entre esas ventajas se incluyen la armada de alta mar con mayor experiencia del mundo, una sólida red de alianzas, décadas de experiencia operativa y una logística global sin parangón.
Esas ventajas nunca deben darse por sentadas. Requieren inversión continua, innovación y preparación militar.
Una política exterior de “America First” no busca guerras innecesarias.
Una política exterior que prioriza a Estados Unidos tampoco ignora las amenazas emergentes.
La paz es más probable cuando los adversarios potenciales comprenden que Estados Unidos y sus aliados poseen tanto la capacidad como la determinación para defender sus intereses.
La expansión naval de China va mucho más allá de los barcos. Refleja las ambiciones militares más amplias de Pekín.
La expansión naval de China seguirá siendo uno de los desafíos de seguridad más importantes del Indo-Pacífico durante los próximos años.
Paz mediante la disuasión.



