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Según Nation Thailand, citando medios internacionales, el crudo Brent superó los $119.50 por barril hoy mientras el bloqueo del estrecho de Ormuz entra en su segundo mes.
Trump rechazó la oferta de Irán de reabrir el estrecho, calificándola como una táctica dilatoria en las negociaciones nucleares.
Tiene razón. Teherán no reabre por buena voluntad. Reabre por dolor.
Irán bajo presión
Las cuentas son brutales para Irán. La firma de análisis de datos Kpler estima que el almacenamiento de petróleo iraní tiene entre 12 y 22 días antes de que comiencen los cierres forzados de pozos.
Daño permanente a la infraestructura. No solo ingresos perdidos.
El bloqueo no le está costando a Washington un solo misil. Le está costando a Teherán su capacidad de producción futura.
Como dijo Trump el miércoles: “Los están exprimiendo con fuerza, y su situación solo va a empeorar.”
El reloj de Irán corre
Europa y Asia sienten esto más que los estadounidenses. Su dependencia energética del petróleo de Medio Oriente es una herida autoinfligida, décadas de política energética globalista y antiestadounidense que ahora pasan factura.
Washington ya está presionando a sus aliados para formar una coalición de sanciones e inteligencia.
Según informes, CENTCOM ha solicitado el despliegue del sistema de misiles hipersónicos Dark Eagle.
A Irán no le quedan buenas opciones. La paciencia estratégica está redibujando el mapa.
La fuerza disuade. La debilidad invita. Estados Unidos eligió la fuerza.



