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El Grupo de Ataque Lincoln no es una sesión de fotos. Es una base aérea flotante que le recuerda a Teherán que Estados Unidos puede golpear objetivos costeros e interiores en el momento que elijamos, desde direcciones que Irán no puede predecir fácilmente.
Epic Fury también expone los límites de la estrategia iraní de “drones baratos”: los portaaviones y la aviación naval están convirtiendo el Golfo en un laboratorio de fuego real para detectar, rastrear y destruir esos enjambres antes de que se acerquen. Cada salida, intercepción y ejercicio alimenta con datos reales las tácticas estadounidenses, haciendo que el próximo enfrentamiento sea aún más difícil de ganar para Irán.
Esto no se trata solo de un portaaviones: se trata de demostrar que Estados Unidos puede desplegar poder aéreo, mando y control, y defensas por capas en cualquier punto de la región con poco aviso. Los aliados ven esa presencia y respiran más tranquilos. Los adversarios la ven y tienen que replantearse hasta dónde realmente quieren presionar.
La disuasión funciona mejor cuando sus enemigos ven la cubierta de vuelo iluminada por la noche, el ala aérea entrando y saliendo, y saben que no es un entrenamiento: es un recordatorio de que la escalada será respondida en los términos de Estados Unidos.
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