La regularización de migrantes en España está poniendo a prueba los límites de Europa

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El español Pedro Sánchez está demostrando lo que ocurre cuando las élites políticas confunden el control fronterizo con la vanidad moral.

Cuando un gobierno regulariza enormes poblaciones ilegales, no restaura el orden.

Lo que hace es señalar que, una vez que se acumula suficiente presión, la ley se dobla, el papeleo aparece y las consecuencias recaen sobre los ciudadanos comunes.

Europa sigue pagando el precio social, económico y de seguridad por líderes que se niegan a admitir que la migración masiva sin control termina por desbordar la vivienda, los servicios, la cohesión y la confianza pública.

Ningún país ni continente puede sobrevivir si sus gobernantes tratan la soberanía como una vergüenza moral.

Las fronteras implican reglas

Esas largas filas no son prueba de compasión. Son prueba de un sistema llevado más allá de toda credibilidad.

Un Estado serio evalúa con rigor, expulsa a quienes ingresaron ilegalmente y protege a su propia gente antes de exportar inestabilidad a los países vecinos.

La misericordia sin orden se convierte en caos, y el caos siempre golpea con más fuerza a las familias trabajadoras. La verdadera estabilidad comienza cuando las fronteras vuelven a significar algo.

La soberanía no es odio. Es autopreservación.

Respuesta a @RadioGenoa
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