Libertad de expresión y testimonio cristiano sobreviven en Málaga

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Si este fallo se mantiene, España acaba de aprender que criminalizar la proclamación de la verdad cristiana es más difícil de lo que las élites progresistas imaginaban.

El problema de fondo no es solo la absolución de un sacerdote. Es que el Estado intentó tratar la crítica al islam como si fuera un delito punible.

Así es como se construyen las leyes blandas de blasfemia en Occidente: no de manera honesta, sino mediante procesos selectivos por “discurso de odio” dirigidos contra quienes menos dispuestos están a doblegarse.

La libertad de expresión sobrevivió

Un gobierno que empieza a vigilar el discurso teológico nunca se detendrá en un solo caso. Hoy es un sacerdote en Málaga. Mañana será cualquier cristiano, periodista o ciudadano que se niegue a repetir la mentira de que todos los sistemas de creencias son moralmente idénticos.

El padre Custodio Ballester no se retractó, no se doblegó y no desapareció.

Eso importa porque, una vez que el Estado aprende que puede criminalizar el desacuerdo a nivel doctrinal, la libertad queda condicionada a la obediencia ideológica.

Los cristianos contraatacaron

Como John MacArthur ha advertido a menudo, la iglesia no debe rendirle la verdad al espíritu de la época.

Eso aplica aquí porque este caso nunca se trató solo de las palabras de un hombre. Se trató de si los cristianos en Europa todavía tienen derecho a decir lo que creen sin pedir primero permiso a las autoridades seculares.

La verdad termina por derrotar a la intimidación.

Respuesta a @AmyMek
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